Aunque España haya estado en confinamiento, el sector de la logística ha resistido, siendo una actividad reconocida como esencia, según el sector en el que operen, los transportistas no han experimentado la crisis del COVID-19 de la misma manera.
Varias empresas familiares del sector han funcionado solamente con un tercio de su actividad y de su cifra de negocio. Además, si la empresa ha seguido haciendo volumen de negocios, no ha significado que haya conseguido rentabilidad. Efectivamente, ha habido tiempos de espera y descarga más largos en estos tiempos de Covid-19, pero también camiones menos llenos de lo habitual.
CEDEC ha colaborado con muchas empresas de logística, en España, pero también en Italia y en Francia. Siempre hemos acompañado empresarios para que puedan conseguir sus objetivos, especialmente en empresas familiares donde la parte emocional de los vínculos impide a veces la profesionalización.
Por ejemplo, según Norma Rodera Saiz, Administradora Solidaria de la empresa Cargored (Madrid):
“CEDEC supo redirigirnos y aconsejarnos para dar el salto a una gestión estratégica. Nuestro modo de actuar y de dirigir las empresas era hasta ese momento algo casero, intuitivo y familiar, y ellos nos ayudaron a tomar las decisiones necesarias para redirigir esa forma de gestión a una más profesional, que nos ha permitido crecer con calidad, controlar lo que tenemos entre manos de una manera más fructífera y sobre todo basar nuestra gestión en la estrategia de futuro.”
Otros testimonios

En estas tristes circunstancias que nos rodean, la profesionalización de las empresas es fundamental para poder afrontar las consecuencias del Covid-19 sobre nuestras empresas. Por eso hemos acompañado a las empresas en su profesionalización, pero también hemos creado un programa de relanzamiento de las empresas al salir de este periodo de Covid-19.
Las urgencias derivadas del parón en la actividad han ocupado todos los esfuerzos y energías de los empresarios, centrados primero en proteger a su personal, luego en proteger sus procesos productivos o de prestación de servicios, en asegurarse que su tesorería sería capaz de cubrir sus compromisos o en aplazar esos compromisos, gestionando el crédito con sus clientes, analizando las ayudas públicas e intentando beneficiarse de ellas; en resumen afrontando la avalancha de problemas o riesgos que les han venido encima.
Ahora ha llegado el momento de pensar en el después, en retomar la actividad y en cómo hacerlo.

Preparación en cinco fases
La preparación de este plan la proponemos en cinco fases distintas:
1.- Análisis de los efectos de la crisis en cada empresa en concreto: cada empresario debe analizar en profundidad qué efectos han tenido en su empresa la crisis. No se trata únicamente de la propia paralización de la actividad; sino de los posibles problemas de suministro, los que hayan podido sufrir los clientes habituales, las circunstancias que han hecho posible (o imposible) el teletrabajo… En resumen, todo lo que haya podido ocurrir además del hecho de la parada obligatoria de actividad que haya supuesto un problema para el normal desarrollo de la actividad.
Todos estos problemas deben ser objeto de planes para superar sus efectos, si es posible, antes de retomar el trabajo.
2.- Análisis de los efectos previsibles de la crisis en el momento de retomar la actividad: se deberán considerar las situaciones internas de la empresa, los planes de seguridad y de riesgos laborales que permitan garantizar la salud del personal, las posibles incidencias derivadas el punto anterior (problemas de suministros, dificultades de los clientes,…) , posibles dificultades en el desplazamiento del personal, las dificultades o imposibilidad de la realización de viajes (si ello es necesario), y en general, cualquier circunstancia o dificultad que pueda generar la situación de reinicio de actividades, no solo para la empresa propia sino también para nuestros clientes y proveedores, colaboradores,…
3.- Plan de relanzamiento de la actividad: el plan de incorporación debe contener la planificación necesaria de en qué momentos o circunstancias se irán incorporando los colaboradores de la empresa y a qué ritmo, todo ello en función de las necesidades y de las conclusiones obtenidas de los dos puntos anteriores. Si la incorporación debe ser gradual, se deberá acordar con el personal o bien el consumo de vacaciones o bien proponer un ERTE parcial para que la incorporación de personal que no va a ser ocupado en tareas productivas no provoque sobrecostes insoportables.
4.- Plan de financiación de los costes de retomar la actividad: deberá tener en cuenta las conclusiones de los puntos anteriores y sus costes, calculando la facturación posible y su valor añadido, de forma que se garantice en todo caso la solvencia financiera y la capacidad de la empresa para abordar los compromisos de pago. El plan de financiación debe contemplar los posibles créditos a solicitar, los posibles aplazamientos de los compromisos de pago y, en general, todas las medidas que colaboren a asegurar la capacidad financiera de la empresa en todo momento a un coste asumible.
5.- Planes de contingencia para las posibles distorsiones sobre el plan previsto: se deben establecer planes de contingencia, con lo que deberemos analizar que todas nuestras previsiones pueden fallar, y debemos estar preparados para actuar cuando esos planes fallan, adaptándonos en lo necesario a las posibles circunstancias que se presenten.
En resumen, hay que ser muy ágil y prepararse para situaciones no previstas, tratando de tener siempre preparado un plan alternativo, y haciendo del análisis sistemático un ejercicio imprescindible en la fase de recuperación. Los animamos a hacer estos ejercicios, que les ayudarán a ver sus empresas en un contexto completamente nuevo, en los que la anticipación es más importante que nunca.

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