Un artículo de Miguel Angel Martín, Director Desarrollo de Negocio de Dobleeco
Estamos viviendo un tiempo de muchos y profundos cambios en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad, tanto en lo personal como en lo profesional.
Tenemos que estar continuamente adaptándonos a un mundo globalizado y tecnológicamente muy desarrollado, con unas exigencias muy estrictas en todo lo que se refiere al cambio climático, continuamente recogidas y amplificadas por los medios de comunicación y las redes sociales.
A estas alturas, nadie niega que se impone un cambio de paradigma en el transporte de mercancías y personas, a fin de hacerlo más sostenible y menos agresivo hacia el medio ambiente.
El objetivo a alcanzar es muy claro y ahí está, pero lo que ahora se está revelando como algo crítico es saber regular el proceso de transición que nos permita afrontar dicho cambio de paradigma de forma razonable y justa.
El tejido empresarial de este país, responsable de crear empleo y riqueza, es un ecosistema muy delicado, sometido a muchas y variadas presiones, en el que no se pueden introducir cambios excesivamente traumáticos y disruptivos sin un riesgo cierto de generar consecuencias muy negativas para todos.
El cambio de modelo hacia una movilidad más sostenible ya supone de por sí un enorme desafío en una situación de economía estable y controlada, por lo que si se añaden los factores que actualmente están amenazando al sector logístico de este país, la combinación puede resultar explosiva.
Todos tenemos en la cabeza dichos factores, la mayoría derivados de la grave crisis sanitaria de la cual apenas estamos saliendo: dramático encarecimiento de los costes energéticos, complicaciones en el tráfico marítimo mundial de mercancías, alargamiento de los plazos de entrega de vehículos nuevos, falta de conductores, etc.
En esta coyuntura, se impone aplicar al máximo el criterio de prudencia empresarial, poniendo en marcha todas aquellas herramientas que nos permitan poder avanzar en la senda marcada hacia una Movilidad más Sostenible, pero de manera lógica y equilibrada.
Dicho de otra forma, la viabilidad económica de muchas empresas puede ponerse en serio riesgo si no se es capaz de llevar a cabo un proceso de transición en Movilidad muy reflexionado, y totalmente adaptado a las necesidades y la situación de partida de cada empresa.
En este sentido, desde Dobleeco queremos poner encima de la mesa las siguientes reflexiones, que esperemos sirvan para facilitar dicho proceso de transición:
- No es razonable imponer una fecha inamovible para el final del vehículo de combustión interna, cuando hoy por hoy dicha tecnología supone prácticamente el 100% de las flotas de las empresas.
- De hecho, hay que abrir un profundo y valiente debate sobre ese supuesto fin del motor de combustión, habida cuenta de los numerosos avances que se están produciendo en el ámbito de los eco-combustibles, los cuales pueden ser usados perfectamente en dichos motores de combustión, actualmente tan denostados.
- El principio básico que no hay que perder de vista es el de maximizar la reutilización de los medios disponibles: No hay economía más circular y sostenible que aquella que permite reutilizar los medios ya disponibles, adaptándolos para que puedan utilizar de forma transitoria combustibles con menos contenido en carbono.
- En concreto, desde Dobleeco facilitamos que cualquier motor de combustión actual, sea gasolina o diésel, pueda transformarse para consumir eco-combustibles tales como el Autogas GLP o el Gas Natural Comprimido, mucho más ecológicos que los convencionales.
- Tenemos que conocer que cualquier motor que consuma Gas Natural Comprimido puede sin ningún problema pasar a consumir bio-metano, es decir, Gas Natural procedente de residuos biológicos, siendo por tanto 100% ecológico (etiqueta medioambiental CERO emisiones).
- Y el uso de gas natural significa abrir la puerta al uso futuro de hidrógeno, que no deja de ser un gas muy similar al metano.
En suma, hay muchas posibilidades de contribuir a la descarbonización de la economía sin recurrir a la solución “trivial” del vehículo eléctrico. Nunca ha sido rentable pasar del “cero” al “todo” dando un salto cuántico, sino que es mucho más aconsejable no dejarse influir por el discurso imperante y de moda, y buscar otras soluciones realmente mucho más lógicas y coherentes con nuestra situación de partida.
Vayamos paso a paso, sin prisa pero sin pausa, aplicando soluciones que permitan alcanzar gradualmente objetivos más realistas, que no impliquen exclusivamente adquirir vehículos nuevos, sino que permitan reutilizar los existentes, adaptándonos de forma progresiva a los nuevos eco-combustibles.
Esa y no otra es la auténtica Transición Energética: La que, además del medio ambiente, cuida la cuenta de resultados de las empresas. No queramos tomar atajos en una cuestión tan fundamental como es el futuro de las próximas generaciones.

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